La volumetría percibida desde el espacio abierto interior se hace más dinámica y consecuente con la mejor orientación a la que se vuelca la vivienda. Se dispone así para abrir el aspecto privado al sur, y simplificar las fachadas al espacio público al norte: juego de volúmenes contra el cierre liso.
El hito más importante del pueblo, la torre de su iglesia, es referente en la composición de la vivienda: es el protagonista de la visión del mirador principal de la vivienda, y en las vistas al sur. Se responde también así y de una manera singular, al entorno y al paisaje urbano propio.
La distribución de los espacios interiores, se justifica con el uso habitual y el especial de los tiempos vacacionales. El uso habitual se desarrolla en planta baja y en el estudio mirador. Los espacios de estancia y estudio se encuentran abiertos con una conexión fluida pero no directa, cierta separación visual compartiendo espacios y ambiente del hogar. A ello contribuyen las divisiones-estantería de distintas alturas y la significación continua de la estructura de madera.
El espacio abierto privado se zonifica según el espacio interior al que se vincula, siendo drástica pero discreta la separación con el espacio de instalaciones: espacios de reunión, de recreo, de descanso, de visión. Alberga elementos propios de la arquitectura preexistente (pilas, cadenas, losas de piedra) que invitan al descanso y la reflexión, y nos vuelven a conectar al pueblo al que pertenecen.
La vivienda proyectada es la conclusión reflexionada y contenida de las necesidades arquitectónicas demandadas, sustanciada en una solución singular.


